Biológicos y Biosimilares - Mitos y Verdades
Ing. José Enrique Silva Pellegrin
Para
entender la renovada corriente proteccionista a favor de productos farmacéuticos denominados BIOLÓGI-COS, donde la novedad estriba en proteger
monopolios judicializando y sobrerregulando la venta de estos productos,
conviene conocer cifras que hablan por sí mismas.
El
74% de la producción de
medicamentos ha estado destinada a la población de 7 países (EEUU, Japón, Alemania, Francia, Reino Unido, Italia y España), que en conjunto no representan ni el 15% de la
población mundial.
Esta
desproporción no
se debe a que estos países
cuenten con mayor carga de enfermedades que el resto del mundo. Al contrario,
son potencias donde viven personas de alto poder adquisitivo.
Asia
y África
juntas representan el 75% de la población mundial, sin embargo, ellas solo son aproximadamente
el 8% del consumo de medicamentos, sin mayor incremento a este respecto, a
pesar que su población no
ha dejado de crecer; en cambio Estados Unidos ha doblado el valor de su mercado
farmacéutico
en diez años sin
que se haya producido incremento significativo de su población.
Algo no anda bien.
Luego
del vencimiento de muchas patentes y protección de “datos
de prueba” de
productos farmacéuticos
de algunas transnacionales, se está ejecutando una estrategia de “cuatro cabezas”. La primera: desarrollar pro-ductos para el mercados
de los más
pudientes, generalmente contra enfermedades crónicas, propias del incremento en la esperanza de vida
en los países
ricos; la segunda, creando una red proteccionista a través del fortalecimiento de períodos monopólicos en el campo de Propiedad Intelectual, diseminándola a través de trata-dos internacionales bilaterales o
selectivos. La tercera organizando ONG o clubes de pacientes, patrocinadas por
transnacionales interesadas, que presionan por el uso de productos farmacéuticos con marca propia; y la cuarta, judicializando
Registros Sanitarios y compras de determinados medicamentos con la finalidad de
obtener “amparos” que promuevan la no competencia, impidiendo en la práctica el ingreso de productos genéricos, y últimamente biosimilares, una suerte de genéricos de los biológicos.
Historia de la
Biotecnología
Se divide en
cuatro períodos definidos.
El primero es anterior al científico francés
Louis Pasteur, sus comienzos se confunden con los de la humanidad. En aquella época,
la biotecnología eran prácticas
empíricas de selección de
plantas y animales y sus cruzamientos, y a la fermentación
como un proceso para preservar y enriquecer el contenido proteico de los
alimentos. Se extiende hasta la segunda mitad del siglo XIX, es artesanal y
basada en la experiencia del día a día.
El segundo período empieza con Pasteur, y los
microorganismos causantes de la fermentación y con el descubrimiento por parte
del biólogo alemán
Edouard Buchner de la capacidad de las enzimas extraídas
de las leva-duras de convertir azúcares en alcohol. Estos
descubrimientos dieron impulso a la aplicación de técnicas de fermentación en
la industria alimenticia y al desarrollo de una industria química
como la utilizada en la producción de acetona, butanol y glicerol.
La tercera época empieza precisamente con el
descubrimiento de la penicilina por Fleming en 1928, convirtiéndose
en la base del desarrollo y producción de antibióticos,
allá por los años
cuarenta.
Finalmente el cuarto período de la biotecnología es
el actual. Se inicia hace más de 60 años
con el descubrimiento de la doble estructura axial del ácido
"desoxirribonucleico" (ADN) en 1953, seguido por los procesos que
permiten la inmovilización de enzimas, los primeros
experimentos de ingeniería genética realizados por Cohen y Boyer en
1973 y la aplicación en 1975 de nuevas técnicas
para la producción de anticuerpos
"monoclonales", gracias a los trabajos de Milstein y Kohler. El
primero, César Milstein, fue un químico
argentino nacionalizado británico, ganador del Premio Nobel de
Medicina en 1984, que le fue otorga-do precisamente por su trabajo en
anticuerpos monoclonales.
Estos acontecimientos dieron origen a un renovado auge de la
biotecnología a partir de los años
ochenta, pasando de un interés académico a uno estrictamente económico,
con alianzas con políticos e inclusive militares, usando a
ciertas transnacionales como aliados en la consecución de
obvios objetivos.
Los biólogos moleculares han mapeado genomas
enteros, se han desarrollado y comercializado nuevas medicinas y producido
plantas con nuevos tipos de resistencia a enfermedades.
La investigación y el desarrollo científico
proporcionan herramientas que permiten una mejor comprensión de
procesos fisiológicos, por ejemplo, del sistema
inmuno-defensivo, o que reducen el tiempo para el desarrollo de nuevos
productos (I + D).
Estaría todo bien si se orientase este
esfuerzo con visión sanitaria, que no genere pobreza a
los ya bastante pobres y más riqueza a los demasiado ricos,
profundizando desigualdades, de espalda a la Justicia, curiosamente enarbolando
una falsa bandera de “Protección de
la Salud”.
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